Del plano al espacio vivido

Una propuesta urbana suele presentarse como plano, maqueta o imagen. La realidad mixta plantea otra manera de verla: combinar el entorno físico con elementos digitales para representar cómo podría verse un espacio después de una intervención. Con un teléfono o unas gafas, por ejemplo, una persona podría observar un modelo arquitectónico situado en su contexto real, antes de que se construya.

La idea resulta especialmente pertinente en calles, plazas y barrios, donde las decisiones de diseño afectan rutinas cotidianas. Una representación situada puede ayudar a que residentes, planificadores, arquitectos y otros participantes interpreten un proyecto desde una referencia compartida, en vez de depender únicamente de dibujos especializados. También puede hacer más legibles los diseños para personas a quienes los planos les resultan difíciles de imaginar.

Esto no significa que una visualización anticipe con exactitud la experiencia de un lugar terminado. Hace visible una propuesta y permite examinarla, comentarla y revisarla; no sustituye el espacio construido ni resuelve por sí sola las preguntas sobre su uso futuro.

Una herramienta dentro de un proceso participativo

La realidad mixta se exploró como complemento de métodos de participación urbana, entre ellos Block by Block, una iniciativa de UN-Habitat que utiliza Minecraft para que las personas elaboren propuestas de diseño de espacios públicos. En ese esquema, el juego permite construir y modificar paisajes virtuales; la realidad mixta puede añadir otra forma de relacionar esas ideas con el entorno físico existente.

El posible aporte no está solo en la tecnología. Una imagen inmersiva puede servir de apoyo para discutir alternativas, pero la participación exige también que las personas puedan plantear necesidades, que sus propuestas se consideren y que exista una conexión comprensible entre lo aportado y las decisiones posteriores. Si la tecnología ocupa el centro y las voces de la comunidad quedan en segundo plano, la visualización puede ser atractiva sin hacer más inclusivo el proceso.

La inclusión tampoco se deriva automáticamente de que el modelo sea fácil de ver. Conviene preguntarse quién puede acceder a la experiencia, en qué formatos se presenta el proyecto y qué otras vías de participación existen. La brecha digital, la accesibilidad y la representación de grupos que suelen tener menos influencia son cuestiones centrales cuando se incorporan herramientas digitales a la planificación.

Lo que una representación puede y no puede mostrar

Ver una propuesta superpuesta al lugar existente puede ayudar a detectar cómo se relaciona con lo que ya hay y a expresar reacciones antes de la construcción. Esa posibilidad abre una conversación más concreta que la que a veces permite una imagen abstracta. Pero la representación sigue siendo una versión del proyecto: no demuestra por sí sola cómo funcionará, cómo será percibido por distintas personas o qué efectos tendrá en la vida diaria.

Por eso, resulta útil distinguir tres niveles:

  • Lo representado: el diseño digital y su relación visual con el lugar.
  • Lo que puede debatirse: las preferencias, preocupaciones y alternativas que las personas expresen al observarlo.
  • Lo que aún requiere otras pruebas o decisiones: la viabilidad de la intervención, su ejecución y sus efectos una vez construida.

Esta distinción evita confundir una experiencia visual con una evaluación completa. También ayuda a situar la realidad mixta como un recurso para conversar y revisar, no como una garantía de consenso o de buenos resultados.

La pregunta decisiva: quién participa y qué cambia

El enfoque de ciudades inteligentes centradas en las personas pone el énfasis en que las tecnologías respondan a necesidades reales, respeten derechos y amplíen la participación. Aplicado al diseño urbano, esto desplaza la pregunta desde «¿qué puede mostrar la herramienta?» hacia «¿quién puede influir en el proyecto y cómo se incorporan sus aportes?».

Una representación digital puede contribuir a que una propuesta sea más comprensible; su valor público depende, en cambio, de cómo se inserta en un proceso más amplio. La realidad mixta ofrece una manera de imaginar colectivamente cambios en calles y espacios cotidianos. Para que esa imaginación tenga consecuencias, las voces participantes deben poder intervenir más allá de mirar el modelo.

La ficha, de un vistazo

Alcance

Lectura editorial; no constituye una visita ni una evaluación técnica.

Fuentes y referencias

Mixed reality for public participation in urban and public space design - Towards a new way of crowdsourcing more inclusive smart cities | UN-Habitat ↗26/10/2026

Using mixed reality technology for inclusive and participatory planning | UN-Habitat ↗26/10/2026

People-Centered Smart Cities | UN-Habitat ↗26/10/2026