Un hogar como proyecto de vida
Alexander Girard no diseñaba solo objetos; diseñaba formas de habitar. Sus casas, especialmente la que compartió con su esposa Susan en Santa Fe, Nuevo México, funcionan como el testimonio más íntimo de su visión del mundo. A diferencia de sus proyectos comerciales, estos espacios no buscaban la perfección estática, sino la evolución continua. Girard utilizó su propia vivienda como un lienzo donde experimentar con la luz, la textura y la narrativa cultural, integrando su estudio directamente en el hogar para que la creación y la vida diaria fueran un solo flujo.
De la Europa clásica al desierto de Nuevo México
La trayectoria de Girard comenzó en Florencia, Italia, donde a los 23 años creó su primer paisaje interior personalizado en un apartamento en la azotea de la casa de sus padres. Allí, su interés por la artesanía ya era evidente: su apartamento adolescente incluía pequeñas esculturas africanas y textiles de la India, anticipando su futura obsesión por lo global.
Sin embargo, fue su mudanza a Santa Fe en 1953, junto a su esposa y dos hijos, la que definió su estética madura. Tras describir Grosse Pointe, Míchigan, como un "barrio gris y conservador", Girard se sintió atraído por el suroeste de Norteamérica. El desierto alto salpicado de piñones, la claridad asombrosa de la luz y la construcción de adobe en tonos rosados y terrosos ofrecían un contraste radical con las ciudades altas y apagadas del este. Esta nueva geografía, junto con las culturas nativas locales y su propia infancia europea, se convirtió en la base de su interiorismo.
La casa como museo en rotación
Girard no diseñó la casa de Santa Fe desde cero, sino que transformó las estructuras existentes en un conjunto individual. Utilizando su experiencia en diseño de exposiciones, convirtió su hogar en una muestra en constante rotación. Los espacios albergaban sus propios diseños, artesanía popular, piezas contemporáneas y antigüedades. Esta mezcla no era caótica, sino curada: Girard creía que lo que ya existía debía usarse como punto de partida para desarrollar su propia interpretación.
El resultado fueron espacios cálidos pero sofisticados, que evolucionaban con sus hallazgos y gustos. Un elemento clave de su filosofía era la integración del estudio. Al tener su espacio de trabajo adjunto al hogar, podía experimentar con ideas en su propio interior, exhibir su colección cambiante de objetos y aumentar su productividad. Susan Girard, su esposa, fue parte integral de este proceso. Como esteta con un ojo agudo para el arte, la moda y el diseño, su estilo personal contribuyó enormemente a la configuración de sus hogares.
El color y la artesanía popular como lenguaje
La fascinación de Girard por el arte popular (folk art) no era superficial. Para él, el arte popular era una tradición global antigua que facilitaba la preservación de las culturas a través de obras hechas para la gente, no para la producción en masa. Esta visión se reflejó en su hogar, donde el color se usaba de manera desinhibida, sin las convenciones de los esquemas tradicionales. Como señaló Charles Eames, amigo cercano de la pareja: "Sin inhibiciones por los esquemas de color convencionales, el diseñador Girard ha usado el color de la misma manera desvergonzada que caracteriza su enfoque en todo su diseño en su hogar".
Girard coleccionaba arte popular de todo el mundo, construyendo un archivo privado en Santa Fe que hoy forma parte de la colección del Museo Internacional de Arte Popular de Santa Fe. En su casa, este arte no estaba encerrado en vitrinas, sino que convivía con la vida cotidiana. Juxtapuso lo audaz y lo neutro, lo rudimentario y lo refinado, lo viejo y lo nuevo. A través de este collage vivo, transformó la decoración de interiores en un arte moderno.
Detalles que humanizan el espacio
Los detalles en la casa de Girard revelaban su atención a la escala humana y a la emoción. Un ejemplo destacado son los nichos (o nichos en Nuevo México), uno de sus elementos arquitectónicos favoritos. En su segunda casa en Santa Fe, creó un cubículo a medida para albergar un diorama de una iglesia rusa de su propio diseño y fabricación. Dentro de este interior en miniatura, las figuras de una abuela y una nieta miraban hacia arriba las columnas y el techo pintados. Un detalle particularmente humano era un interruptor especial, colocado lo suficientemente bajo para que un niño pudiera alcanzarlo, que iluminaba este pequeño espacio. Esta combinación de diseño impecable y detalles caprichosos era una marca registrada de Girard.
Otra obra maestra de su exploración de herramientas y materiales son las Wooden Dolls (Muñecas de Madera). Nacidas de su experimentación con una nueva sierra de cinta comprada para su estudio, estas figuras nunca salieron de su colección personal. Las muñecas muestran una influencia clara del arte popular de todo el mundo: kachinas de Nuevo México, figuras ceremoniales africanas, títeres de la India y cerámicas italianas. En sus rostros se puede ver todo el espectro de la emoción humana, reflejando el interés de Girard por construir puentes entre culturas, economías y lenguas a través del diseño.
La Navidad como ritual de conexión
Para Alexander Girard, las fiestas navideñas eran rituales amados e importantes. Aunque no fue criado con un enfoque religioso específico, se inspiró en las ceremonias clásicas de la Navidad que unían a la gente para celebrar la vida y la creación. De su infancia en Florencia, recordaba visitar cientos de iglesias, sentarse en silencio, notar la arquitectura y encender una vela. Durante la Navidad, estas visitas se volvían extraordinarias con el olor a ramas de pino y los coloridos belenes.
En su casa de Santa Fe, la Navidad se vivía con una intensidad sensorial única. Aleishall Girard Maxon, nieta de Alexander, recuerda la mesa de latón cubierta de objetos brillantes y misteriosos que reflejaban la luz de la fogata cálida; el aroma de la savia de piñón quemándose; las galletas de avena y caramelo, finas como encaje; las coronas de papel de colores encontradas en los romos de Navidad envueltos en papel de aluminio; y las velas en cada superficie. Para Girard, la Navidad era un momento para honrar mitos, historias y símbolos antiguos que tenían más que ver con la conexión humana que con cualquier dogma. Volvería una y otra vez a la escena del belén a lo largo de su carrera, explorando diferentes medios, escalas y composiciones, fascinado por los elementos universales: la luz de una estrella, el regalo, el milagro del nacimiento, la creatividad inherente a la historia.
Una herencia de experimentación continua
Los hogares de Girard eran una extensión de sí mismo: la forma en que veía y usaba el color, el patrón y la textura, y la manera en que establecía conexiones entre tantas culturas diferentes. No eran museos estáticos, sino espacios vivos que cambiaban con el tiempo. Su legado no reside solo en los objetos que diseñó, sino en la forma en que demostró que el diseño puede ser una práctica de vida, abierta, inclusiva y profundamente humana.
Hoy, su nieta Aleishall Girard Maxon y su sobrino Kori Girard, quienes dirigen el Girard Studio, trabajan para preservar y compartir este vasto legado. Su trabajo continúa la tradición de Girard de ver el diseño no como una disciplina aislada, sino como una forma de conectar con el mundo y con los demás.
La ficha, de un vistazo
Alcance
Lectura editorial; no constituye una visita ni una evaluación técnica.
Fuentes y referencias
An Invitation to Alexander Girard’s Home | Official Vitra® Online Shop CH ↗24/10/2026 An Invitation to Alexander Girard’s Home | Vitra Magazine (2016)
The Holidays | Official Vitra® Online Shop ES ↗24/10/2026 The Holidays: Remembering Christmas in Alexander Girard’s House | Vitra Magazine (2017)
How Folk Art Becomes Design - and Vice Versa | Official Vitra® Online Shop US ↗24/10/2026 How Folk Art Becomes Design - and Vice Versa | Vitra Magazine (2018)
