La edición de 2015 de Designs of the Year partía de una premisa amplia: celebrar diseños que promovieran o hicieran posible el cambio, ampliaran el acceso, extendieran la práctica del diseño o captaran el espíritu de su época. En la lista de nominados, esa idea aparecía en espacios y objetos muy distintos: desde centros comunitarios y escuelas hasta herramientas digitales, muebles y sistemas de transporte.
Más que una definición cerrada, la selección propone una manera de mirar. El diseño no queda restringido a la forma de un objeto: también puede organizar un servicio, comunicar una idea o modificar la relación entre las personas y su entorno.
Los espacios como parte de la vida colectiva
En arquitectura, los títulos y descripciones breves de los proyectos orientan la atención hacia usos compartidos. Arena do Morro se presentaba como un centro deportivo comunitario; Forfatterhuset Kindergarten, como una escuela para menores de seis años; y La Última Esperanza, como una escuela de arquitectura para una comunidad pesquera. La lista también incluía proyectos vinculados con la naturaleza urbana, como House for Trees, y con el almacenamiento de lluvia, como Waterbank Campus.
Estas descripciones no bastan para evaluar cómo funcionan los edificios ni qué efectos tuvieron en sus comunidades. Sí permiten reconocer un interés editorial: considerar el espacio construido no solo como imagen, sino como soporte de actividades, aprendizaje y vida en común. El edificio cotidiano —la escuela, el centro deportivo, el mercado— aparece así como una pieza activa de la ciudad.
Objetos que replantean tareas conocidas
En la categoría de producto convivían soluciones de escalas y propósitos diferentes. Double O se describía como una luz LED para bicicleta; Miito, como un hervidor pensado para ahorrar agua y energía; y el Blue Diversion toilet, como un sistema de saneamiento para lugares sin conexión a redes. También figuraban el Kano computer kit, un conjunto de ordenador y programación, y 10 100 1000, una serie de taburetes asequibles fabricados en México.
Leídos en conjunto, estos ejemplos desplazan la atención desde la novedad formal hacia la tarea que cada objeto pretende abordar. Iluminar un trayecto, calentar agua, facilitar el acceso a herramientas digitales o sentarse son necesidades distintas; en todos los casos, el diseño se presenta como una forma de intervenir en acciones ordinarias. Las descripciones disponibles expresan intenciones y usos propuestos, no resultados comprobados.
La ciudad y la tecnología como experiencias diseñadas
La categoría digital incluía proyectos que hacían visibles sistemas que suelen quedar en segundo plano. The Walls Have Eyes se describía como una visualización de cómo se capturan nuestros datos. La ficha del proyecto también lo identificaba como una instalación que mostraba cómo dispositivos electrónicos comerciales podían utilizarse para rastrear a las personas en el mundo real. Esa formulación sitúa la vigilancia no como una abstracción, sino como una relación entre tecnología y espacio público.
Otros nominados exploraban formas de interactuar con la ciudad: Shadowing convertía un mapa callejero en una experiencia relacionada con la sombra, mientras que Responsive Street Furniture se presentaba como una ayuda digital para peatones. La selección, por tanto, no separaba del todo lo digital de lo físico. Una pantalla, un mapa o una instalación podían influir en cómo se interpreta y recorre un entorno.
Comunicar también es diseñar
En gráficos, las propuestas abarcaban desde identidades y publicaciones hasta campañas. Inglorious Fruits and Vegetables se describía como una campaña de supermercado para reducir el desperdicio alimentario; Franchise Animated, como una tipografía animada disponible para todos; y 100 Years of Swiss Graphic Design, como una visión panorámica del diseño gráfico suizo.
La diversidad de formatos sugiere que la comunicación visual puede cumplir funciones distintas: hacer reconocible una institución, organizar información, invitar a participar o cambiar la percepción de un producto. En moda, la selección reunía colecciones y presentaciones, y ampliaba aún más el campo: el diseño también podía expresarse mediante vestuario, puesta en escena y referencias culturales.
Una selección, no una medida definitiva del año
El propio programa asociado a la edición reconocía que, al cerrar la muestra, cabía reflexionar tanto sobre proyectos destacados como sobre aquellos que podrían haberse incluido. Esa observación importa: una selección anual no es un inventario completo del diseño ni una prueba de impacto. Es una propuesta editorial que agrupa trabajos diversos y ofrece un marco para compararlos.
Vista desde la vida cotidiana, la edición de 2015 invita a preguntar qué hace un diseño además de verse bien: qué actividad facilita, qué información vuelve visible, a quién permite acceder y qué relaciones establece entre personas, objetos y espacios. Las respuestas dependen de cada proyecto; la pregunta común es lo que conecta una escuela con una herramienta digital, un mueble con una campaña y un objeto doméstico con la ciudad.
La ficha, de un vistazo
Alcance
Lectura editorial; no constituye una visita ni una evaluación técnica.
Fuentes y referencias
Designs of the Year 2015 ↗25/10/2026 Design Museum, Designs of the Year 2015.
The 2015 Year in Review ↗25/10/2026 Design Museum, The 2015 Year in Review.
Your vote on Designs of the Year ↗25/10/2026 Design Museum, Your vote on Designs of the Year.
